Érase una vez un niño que quería ser carpintero. Desde pequeñito le gustaba jugar con la madera y con todo aquello que tenía a su alrededor y de manera natural.

Hoy en día se diría que reciclaba y se adaptaba a un entorno pobre, donde se acudía a lo que podía obtener con facilidad y además que no costara dinero.

Con el tiempo y las circunstancias la vida le llevó por otros mundos y se quedó con un aprendizaje en el colegio y con un vecino que le enseñó la mejor carpintería que se puede aprender.

Y ese niño soy yo. Ya mayorcito pero con una ilusión y unas ganas que superan incluso los inicios.

La vida me ha llevado a trabajar en muchas cosas y ahora me ha dado la opción de volver a los inicios, volver a mi infancia y mi reencuentro con el olor a la madera. Durante este tiempo no he dejado de hacer algunas piezas y sobre todo, llenarme de proyectos, de ideas, y de material para que cuando llegara este momento arrancar pletórico y con mucho camino andado.

He tenido que examinarme para volver a sacar el carnet de artesano del Cabildo de Tenerife después de más de 20 años, y los nervios superaban con creces la primera vez. Creía que igual no lo obtendría y no sabía como iba a reaccionar.

El día que me comunicaron que estaba aprobado, lo comenté con mis seres queridos, y saqué toda mi agenda de ideas, proyectos, planos, materiales, y me puse manos a la obra.

Simplemente inicié algunos con urgencia, como esta página web que tenía en mente desde hace mucho tiempo pero que no fui capaz de sacar a la luz hasta ahora. Lo mismo con ideas nuevas que se salían de lo que habitualmente hacía, como eran las maquetas de casas canarias y miniaturas.

Y la primera idea nueva era crear mi marca, tener mi sello, porque necesitaba mi identidad. Seguro que no llegaré muy alto, pero si que pondré toda la pasión en cada pieza que haga.

YDartesano, Yiyo Dorta artesano es lo que se me ocurrió. Mi nombre y apellido y eso que siempre me consideré: artesano.

Pero cometí el error de irme a mi diccionario de la RAE y buscar el término artesanía. La definición es “arte u obra de los artesanos”. Como no me decía mucho busqué artesano, y ahí es donde me decepcioné. Artesano: persona que ejercita un arte u oficio meramente mecánico. Y, modernamente para referirse a quien hace por cuenta objetos de uso doméstico imprimiéndoles un sello personal, a diferencia del obrero fabril.

En algo estoy de acuerdo: imprimiéndole un sello personal, yo diría que grabando con amor, con ilusión, el alma, con la pasión, cada detalle de la obra a realizar.

El artesano sella cada obra de una manera singular, y cada pieza tiene una connotación diferente. Depende del momento de realizarla puede cambiar, por muy parecida o similar que parezca.

Por ello quiero seguir siendo artesano que elabora de la manera más rústica y con los materiales más naturales que cree, sus obras; pero que sobre todo lleven la marca de mis manos, de mi corazón.

Intentaré poner mucho más de aquella ilusión que desbordaba con 8 o 10 años cuando hacía pequeñas casitas con madera que sacaba de las cajas de frutas de “las ventas” cuando las tiraban por la noche al camión de la basura.

En el momento de escribir este blog tengo pendiente dos entrevistas que son vitales para mi en el mundo de la artesanía. Una es con un profesor que me animó a seguir haciendo mis manualidades y me dio muchas lecciones magistrales en todos los sentidos. Don Lorenzo García se llama y debo localizarlo porque tengo noticias de unas circunstancias diferentes para él.

Y la otra es con el hijo del carpintero que con 11 años me enseñó lo mejor de la madera. Me levantaba a las 6 de la mañana, mi madre a las 5 para hacerme la comida, y me iba con él a La Victoria, carpintería de Arturo. Allí aprendí todo lo que sé, porque nunca más tuve un maestro.

Cuando acabé mis estudios de Profesor de Enseñanza con 20 años, me di cuenta del valor de lo que había aprendido con Antonio Barreda. Ahora me tocaba enseñar a mi y me veía tan inculto y falto de experiencia que me quedé por el camino. Los buenos maestros tienen eso, es imposible ni siquiera igualarlos.

No olvido a mi padre, Yiyo Dorta sénior, que me demostró también que nunca me rindiera ante nada, hasta lo más imposible se puede hacer. Pasó muchos años en el Teide en soledad y con condiciones extremas y sin las comodidades de hoy, y sobrevivió. Y me dejó unas tejas para mis maquetas.

Y mi madre, Doña Imelda o Melucha. Se murió con 90 años y me dejó muchas cosas lindas de la vida, y ella si era una artesana de lujo. Y no tenía carné, solo tenía la sabiduría y el buen hacer.

Ella me hacía las cortinitas de mis primeras casitas.

Pero cada una de mis maquetas, cuadros, juguetes o miniaturas, si que llevan un sello personal, y un detalle de cariño y amor.

Como me he extendido mucho en el próximo blog contaré una anécdota que marcó mi segunda etapa en la artesanía.

Si han llegado a este punto, solo un detalle: gracias.